I
En mí, el daño es tu ofensa de no mirarme,
porque tus ojos me esquivan,
y al no verme, el alma hieren,
y es que ¿acaso tus ojos se dañan por ser yo quien a ellos ofende?
Pensar que una sonrisa todo lo puede…
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II
Despierto cansado,
de haberte besado,
de cuidar tu seño,
de arropar tu cuerpo,
de sentir tu piel,
de mimarte toda.
Despierto cansado,
y te busco junto a mi cuerpo,
y ya no estabas, te habías ido,
o solo quise creer lo que no fue,
pues no estaba tu calor, tu olor,
y desperté cansado,
porque solo cuando te sueño, te vivo.
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III
Muchas veces me lo has pedido,
con una sonrisa, con un cariño,
y las palabras asoman como aves que quieren dejar el nido
y pronto regresan, con miedo, asustadas, al refugio conocido.
Como decirte que tu piel quema mis dedos
y que mis besos buscan tu cuello,
el nacimiento del cabello, tu perfecta espalda,
la curva de tus caderas y la caída de tus piernas.
Como decirte que mientras miramos la anchura del mar
y nos iluminaba la luz infinita de infinitas estrellas,
tu corazón y el mío se entendían,
apretando nuestras manos, sellando nuestro pacto.
Como decirte que tu sonrisa me recuerda mi mundo,
que tu risa baña de mil colores mi alma,
como decirte lo que vivo y lo que soy
si no es contigo.
Hoy, sin hablarte, te lo digo…